| Autor(es) | Charles L. Hamblin (1922–1985); John Woods; Douglas Walton (1942–2020) |
| Fecha / periodo | 1970 · Siglo XX · Australia |
| Tipo | Informal |
| Deriva de | Tópica, refutaciones sofísticas y retórica de Aristóteles · Obligaciones (n.º 39) |
| Derivan de ella | Lógica informal · Pragma-dialéctica · Esquemas argumentativos |
| Tres leyes | Identidad: no tematizado (la equivocidad, cambio de sentido de un término, es falacia) · No contradicción: matizado (rige sobre el registro de compromisos: sostener \(S\) y \(\neg S\) es sancionable, pero no trivializa el diálogo) · Tercio excluso: ✗ en el diálogo (se puede no comprometerse ni con \(S\) ni con \(\neg S\); el falso dilema es falacia) |
En Fallacies (1970), Charles Hamblin examinó cómo trataban las falacias los manuales de lógica de su tiempo y concluyó que ese «tratamiento estándar» era incoherente. Los manuales definían la falacia como un argumento que parece válido pero no lo es, y luego daban listas heredadas de Aristóteles y de Locke en las que muchos casos no eran argumentos inválidos ni parecían válidos a nadie. Hamblin reconstruyó la historia de la doctrina y propuso un cambio de marco: las falacias no son defectos de la forma lógica de un argumento aislado, sino movimientos ilegítimos en un diálogo reglado. Para estudiarlas propuso una dialéctica formal: juegos de diálogo con reglas explícitas y registros de compromisos. El libro reabrió un campo que llevaba siglos estancado.
El tratamiento estándar y su crítica (cap. 1 de Fallacies). La definición «un argumento falaz es el que parece válido sin serlo» falla por tres lados:
La lista heredada. Hamblin reconstruye su historia:
Dialéctica formal (cap. 8). Un sistema de diálogo especifica:
Con esta maquinaria, la petición de principio es dar como razón de \(S\) algo que presupone \(S\) y que el interlocutor no ha concedido. La pregunta compleja es una pregunta cuyas respuestas directas comprometen con una presuposición no concedida. Los compromisos no están cerrados bajo consecuencia lógica y pueden ser inconsistentes: la inconsistencia es un defecto que el adversario puede señalar, no una catástrofe lógica.
Woods y Walton. A partir de 1972 analizaron una por una las falacias clásicas con recursos formales variados (lógica de la relevancia, lógica epistémica, teoría de la plausibilidad, dialéctica). Concluyeron que no hay una teoría única de la falacia: cada una requiere su propio análisis. Más tarde, Walton trató muchas de ellas como usos defectuosos de esquemas argumentativos que, bien usados, son razonables (la apelación a la autoridad experta, por ejemplo).
Hamblin retoma la clasificación de las Refutaciones sofísticas, apéndice de los Tópicos, y muestra que su sentido original era dialéctico: Aristóteles clasificaba refutaciones aparentes en un debate, no inferencias inválidas. De las obligationes medievales toma el precedente más claro de una dialéctica formal, con un oponente, un respondente, reglas de admisión y un registro de lo concedido. Hacia adelante, su crítica del tratamiento estándar dio a la lógica informal uno de sus temas centrales. La pragma-dialéctica de van Eemeren y Grootendorst desarrolló su concepción de la falacia como movimiento ilegítimo, formulada como violación de reglas de la discusión crítica. Y la teoría de los esquemas argumentativos surgió del estudio de las falacias de Woods y Walton y de los diálogos de compromiso.
Se le atribuye una afinidad con el Nyāya: en su historia de las falacias, Hamblin dedicó un capítulo a la tradición india, una rareza en la historiografía lógica de su época.
Hamblin escribió en Sídney, desde la filosofía y la informática: fue también pionero de los lenguajes de programación. Su libro coincidió con el malestar de los estudiantes y profesores norteamericanos ante una lógica formal que no enseñaba a argumentar, y alimentó el movimiento de la lógica informal y el pensamiento crítico. La dialéctica formal pasó después a la inteligencia artificial, en los sistemas de diálogo y de argumentación computacional. Para la pregunta «¿una lógica o muchas?», la teoría de las falacias señala otra dimensión: la corrección de un argumento no depende solo de su forma, sino de su papel en un intercambio. Un mismo argumento válido puede ser falaz en un diálogo y legítimo en otro.