| Autor(es) | Frans H. van Eemeren (n. 1946); Rob Grootendorst (1944–2000) |
| Fecha / periodo | 1984 · Siglo XX · Países Bajos |
| Tipo | Informal |
| Deriva de | Lógica dialógica y semántica de juegos · Teoría de las falacias |
| Derivan de ella | — |
| Tres leyes | Identidad: no tematizado (supone estabilidad del significado: regla de uso del lenguaje) · No contradicción: matizado (norma dialéctica: la inconsistencia de compromisos es atacable) · Tercio excluso: ✗ como regla de debate (una discusión puede cerrarse sin resolverse) |
La pragma-dialéctica trata la argumentación como un acto de habla complejo dirigido a resolver una diferencia de opinión por medios razonables. Su problema es normativo y empírico a la vez: ¿cuándo es razonable un movimiento argumentativo en una discusión real, y cómo reconstruir un discurso ordinario para evaluarlo? El gesto distintivo es desplazar la evaluación desde la forma lógica de los argumentos aislados hacia las reglas de procedimiento de una «discusión crítica» ideal. Una falacia deja de ser un argumento inválido que parece válido y pasa a ser la violación de una regla de conducta que obstaculiza la resolución del desacuerdo. La validez lógica sigue teniendo un papel, pero como una regla más dentro del código.
Modelo ideal de discusión crítica (van Eemeren y Grootendorst, Speech Acts in Argumentative Discussions, 1984; A Systematic Theory of Argumentation, 2004). Cuatro etapas, cada una con actos de habla característicos:
Código de conducta de diez reglas (formulación de 1992 y 2004; las reglas 7 y 8 cambian de orden entre ediciones):
Esquemas argumentativos. Tres tipos básicos según la relación entre argumento y punto de vista: sintomático (por signo), por comparación (analogía) y causal o instrumental. Cada uno lleva preguntas críticas asociadas.
Reconstrucción. El análisis normativo convierte el discurso ordinario en un «panorama analítico» mediante cuatro transformaciones: supresión (de lo irrelevante), adición (de premisas implícitas), sustitución (de formulaciones ambiguas por estándar) y permutación (reordenar los movimientos según las etapas). Se distingue argumentación simple, múltiple, coordinativa y subordinativa.
Condiciones de orden superior. El modelo presupone actitudes de los participantes (segundo orden) y circunstancias externas (tercer orden) sin las cuales las reglas no pueden cumplirse.
Maniobra estratégica (van Eemeren y Houtlosser, desde 1999; van Eemeren, Strategic Maneuvering in Argumentative Discourse, 2010). Cada movimiento persigue a la vez la razonabilidad dialéctica y la eficacia retórica, mediante tres aspectos: elección del potencial tópico, adaptación al auditorio y recursos de presentación. Una maniobra que «descarrila» y viola una regla es una falacia.
Ejemplo. «No puedes criticar la política fiscal; tú mismo evades impuestos.» Viola la regla 1: no refuta el punto de vista, sino que intenta impedir que el otro lo cuestione (tu quoque).
La escuela procede de dos líneas. La primera es la dialéctica formal: Else Barth y Erik Krabbe, en From Axiom to Dialogue (1982), desarrollaron sistemas de diálogo con reglas de ataque y defensa inspirados en la lógica dialógica de Lorenzen y Lorenz. La pragma-dialéctica toma de ahí la idea de que la razonabilidad es un asunto de procedimiento dialógico y de papeles de protagonista y antagonista, aunque sustituye la derivación formal por actos de habla del lenguaje natural. La segunda es la teoría de las falacias posterior a Hamblin (Fallacies, 1970): de él recibe la crítica a la «definición estándar» de falacia y la propuesta de verlas como movimientos ilegítimos en un diálogo con compromisos. El código de diez reglas es, en esencia, una sistematización de esa idea.
Como afinidad atribuida, Jonardon Ganeri («Argumentation, Dialogue and the Kathāvatthu», 2001) leyó el Kathāvatthu budista como un método de discusión crítica, y Malcolm Keating (2021) analizó con herramientas pragma-dialécticas la argumentación nyāya temprana. Son lecturas contemporáneas, no una herencia histórica.
Surgió en la Universidad de Ámsterdam en el momento en que la lógica informal norteamericana (Johnson, Blair), la nueva retórica y el modelo de Toulmin buscaban alternativas a la lógica formal para evaluar argumentos cotidianos. Frente a ellas, combina el racionalismo crítico de Popper y Albert, la filosofía del lenguaje de Austin, Searle y Grice y un programa empírico de medición de juicios de razonabilidad. Es hoy, con la escuela de Walton y la retórica, una de las corrientes dominantes en los estudios de argumentación, con aplicaciones al derecho, la medicina y la política. Para la pregunta «¿una lógica o muchas?» ofrece una respuesta de tipo pragmático: la lógica deductiva no desaparece, pero se subordina a normas de discusión; lo que cuenta como buen argumento depende de reglas procedimentales que no son leyes lógicas en sentido estricto.