| Autor(es) | Ralph H. Johnson; J. Anthony Blair; Michael Scriven; Trudy Govier |
| Fecha / periodo | 1977 · Siglo XX · Canadá y Estados Unidos |
| Tipo | Informal |
| Deriva de | Modelo de Toulmin · Teoría de las falacias |
| Derivan de ella | — |
| Tres leyes | Identidad: no tematizado (supone estabilidad del significado; el equívoco es falacia) · No contradicción: matizado (premisas inconsistentes no pueden ser todas aceptables) · Tercio excluso: no tematizado (el falso dilema es falacia cuando las alternativas no agotan el caso) |
La lógica informal surgió de una insatisfacción docente. En los años sesenta, los cursos introductorios de lógica en Norteamérica enseñaban cálculo proposicional y de predicados, y los estudiantes pedían herramientas para evaluar los argumentos de la prensa, la política o la publicidad. Los manuales formales ofrecían ejemplos artificiales y un único criterio, la validez deductiva, que no sirve para la mayoría de los argumentos reales: estos son rebatibles, dependen del contexto y rara vez son deductivamente válidos. La lógica informal propone analizar y evaluar los argumentos del lenguaje natural con criterios propios. Su gesto distintivo es sustituir la pregunta «¿es válido?» por tres preguntas: si las premisas son aceptables, si son pertinentes para la conclusión y si son suficientes para sostenerla.
Criterios RSA (Johnson y Blair, Logical Self-Defense, 1977). Un buen argumento cumple:
La validez deductiva es un caso extremo de relevancia más suficiencia, no la norma general.
Falacias como fallos de los criterios (ibíd.). Cada falacia viola uno o más criterios: ad hominem y hombre de paja (relevancia); generalización apresurada, causa falsa, pendiente resbaladiza (suficiencia); premisa problemática o petición de principio (aceptabilidad). Johnson y Blair proponen para cada una condiciones de identificación, no una simple etiqueta.
Método de Scriven (Reasoning, 1976), en siete pasos:
Estructura de los argumentos. Siguiendo a Beardsley (1950) y a Thomas (1973), la lógica informal distingue:
Freeman (Dialectics and the Macrostructure of Arguments, 1991) basó estos diagramas en preguntas dialécticas de un interlocutor.
Tipos de inferencia. Govier (A Practical Study of Argument, 1985; Problems in Argument Analysis and Evaluation, 1987) distingue argumentos deductivos, inductivos, analógicos y «conductivos» (término de Wellman, 1971), en los que varias consideraciones independientes, a favor y en contra, se ponderan para llegar a una conclusión. Criticó el «deductivismo», la tesis de que todo buen argumento debe reconstruirse como deductivamente válido añadiendo premisas.
Premisas implícitas. El principio de caridad exige reconstruir el argumento en su versión más plausible; se discute si la premisa que falta debe ser la mínima que lo hace válido o la más plausible que el autor aceptaría.
Nivel dialéctico (Johnson, Manifest Rationality, 2000). Un argumento tiene un «núcleo ilativo» (premisas y conclusión) y un «nivel dialéctico», en el que el arguyente responde a objeciones y alternativas conocidas. Un argumento que ignora objeciones obvias es defectuoso aunque su núcleo sea bueno.
Ejemplo. «El ministro ha sido condenado por fraude fiscal; por tanto, su propuesta de reforma sanitaria es mala.» La premisa es aceptable (consta en sentencia), pero no es relevante para la calidad de la propuesta: es un ad hominem. Si se añade «y la reforma beneficia a una empresa de su familia», la premisa nueva es relevante para sospechar un conflicto de intereses, aunque no suficiente para rechazar la reforma.
La lógica informal toma del modelo de Toulmin (The Uses of Argument, 1958) su rechazo del modelo formal y geométrico como canon de la buena argumentación y la idea de que la evaluación depende del campo y de garantías que no son leyes lógicas. De la teoría de las falacias recibe uno de sus temas centrales: la crítica de Hamblin (Fallacies, 1970) al «tratamiento estándar» de los manuales, que definía las falacias de manera inconsistente y las ilustraba con ejemplos inventados, abrió el programa de estudiar las falacias en argumentos reales y definirlas con precisión. Los manuales de Kahane (Logic and Contemporary Rhetoric, 1971) y de Scriven hicieron de puente con la enseñanza.
El movimiento se institucionalizó con el primer simposio internacional de lógica informal en la Universidad de Windsor (1978), el Informal Logic Newsletter (1978), convertido en la revista Informal Logic, y la asociación AILACT (1983). Está unido al movimiento del pensamiento crítico (critical thinking), que en los años ochenta entró en los planes de estudio de Norteamérica. Dialoga con la pragma-dialéctica de Ámsterdam y con la teoría de Walton, y se diferencia de ellas por su orientación a la evaluación de productos argumentativos más que a los procedimientos de discusión. Críticos como Woods y Walton señalaron la vaguedad de los criterios RSA; sus defensores responden que la vaguedad refleja la del objeto. Para la pregunta «¿una lógica o muchas?» la lógica informal sostiene que la buena argumentación no se reduce a una única lógica formal: hay varios tipos de apoyo, y su evaluación exige juicio y contexto.