| Autor(es) | Zenón de Elea (n. c. 490 a. C.); Protágoras (c. 485–c. 415 a. C.); Sócrates (470/469–399 a. C.); Platón (c. 428/427–348/347 a. C.) |
| Fecha / periodo | c. 460–350 a. C. · Clásica · Grecia |
| Tipo | Informal |
| Deriva de | — |
| Derivan de ella | Tópica, refutaciones sofísticas y retórica de Aristóteles · Canónica e inferencia por semejanza epicúreas · Lógica megárica y escuela dialéctica · Lógica trascendental (n.º 52) · Lógica dialéctica (n.º 53) |
| Tres leyes | Identidad: no tematizado (se supone que el término conserva su sentido a lo largo del examen) · No contradicción: ✓ (formulada en República IV 436b; es el motor del élenchos) · Tercio excluso: no tematizado (usado de hecho al examinar una hipótesis y su negación) |
Antes de que haya lógica hay una práctica: examinar una tesis preguntando y respondiendo hasta mostrar que es incompatible con otras que el propio defensor acepta. La dialéctica griega de los siglos V y IV a. C. resuelve un problema polémico y pedagógico, no teórico: cómo derrotar o poner a prueba una opinión sin apelar a nada más que a lo que el interlocutor concede. Su gesto distintivo es la refutación por inconsistencia. De la tesis del adversario, sola o junto con admisiones suyas, se deduce una contradicción o un absurdo. Todavía no se pregunta por qué ciertas deducciones son concluyentes; se practican, se enseñan y se reglamentan como un juego.
No hay un sistema, sino un repertorio de procedimientos. Pueden enumerarse así, con sus fuentes:
Ejemplo, del Eutifrón (10a–11b): Eutifrón sostiene que lo piadoso es lo que aman los dioses. Admite además que los dioses aman lo piadoso porque es piadoso, y que lo amado por los dioses lo es porque lo aman. De ahí se sigue que lo piadoso y lo amado por los dioses no son lo mismo, contra su definición.
Lo que falta es tan importante como lo que hay. No existe una noción de forma lógica, ni variables, ni criterio general para distinguir una deducción válida de un sofisma. La validez se reconoce caso por caso por el asentimiento del interlocutor.
Esta entrada no deriva de ninguna otra del catálogo: es el punto de partida. Su descendencia más directa es la Tópica de Aristóteles, que convierte en manual los certámenes de la Academia y define por primera vez el syllogismós. Por otra rama, los socráticos menores de Mégara heredan de Euclides y de Eubúlides el gusto por la disputa y las paradojas, que la escuela dialéctica de Diodoro y Filón transformará en lógica proposicional. Epicuro, en cambio, la recibe por rechazo: según Diógenes Laercio (X 31) declaró superflua la dialéctica. Mucho después, Kant invoca a Zenón, que probaba y refutaba la misma tesis, al exponer las antinomias de la razón (Crítica de la razón pura, A 502/B 530), y Hegel reivindica a Heráclito, a Zenón y el Parménides platónico como antecedentes de su dialéctica.
Dos afinidades son lecturas atribuidas, no herencias. Rošker (2022) compara la paradoja de la flecha de Hui Shi con la de Zenón, aunque la entrada «School of Names» de la Stanford Encyclopedia of Philosophy juzga superficiales esas semejanzas. Castelnérac y Marion (2009) leen la dialéctica de la Academia como juegos dialógicos, en el sentido de la lógica dialógica moderna.
La dialéctica nace en la Atenas democrática, donde la persuasión en asambleas y tribunales tenía valor práctico y los sofistas cobraban por enseñarla. Platón quiso separar la dialéctica, búsqueda de la verdad, de la erística y la retórica, que buscan ganar. Esa separación no descansaba en un criterio formal, sino en la intención y en el método. Para la pregunta «¿una lógica o muchas?», este antecedente muestra que la inferencia se practicó y se reglamentó antes de teorizarse, y que su primer contexto fue dialógico: una partida entre dos. La idea de que hay una sola relación de consecuencia, independiente de quién discute, llega después, con Aristóteles.