7. Canónica e inferencia por semejanza epicúreas (kanonikḗ; kath’ homoiótēta)

Autor(es) Epicuro (341–270 a. C.); Zenón de Sidón (s. II–I a. C.); Filodemo de Gádara (c. 110–c. 30 a. C.)
Fecha / periodo c. 306 a. C.–s. I a. C. · Helenística · Grecia
Tipo Semiformal
Deriva de Dialéctica eleática y socrático-platónica
Derivan de ella —
Tres leyes Identidad: no tematizado · No contradicción: ✓ (la «contraatestación» de la evidencia refuta una opinión) · Tercio excluso: matizado (Epicuro no concede que todo enunciado sea verdadero o falso; Cicerón, De fato 37)

Idea central

Epicuro no quiso una lógica, sino un criterio. Su canónica pregunta cómo distinguir las opiniones verdaderas de las falsas, y responde apelando a la evidencia de los sentidos y a las nociones que ella deja en la mente, no a reglas de deducción. La dialéctica le pareció superflua. Sus sucesores tardíos elaboraron, sin embargo, una teoría del razonamiento de lo visible a lo no visible basada en la semejanza. El gesto distintivo es empirista: toda inferencia legítima descansa en la experiencia, y una inferencia vale si nada observado la contradice.

Principios, axiomas y reglas de inferencia

Criterios de verdad (Diógenes Laercio X 31). El Canon, obra perdida de Epicuro, fija tres criterios:

Los epicúreos posteriores añadieron las «aplicaciones imaginativas del pensamiento» (phantastikaì epibolaì tês dianoías). El error no está en la sensación, sino en la opinión (dóxa) que se le añade.

Método de la atestación (Sexto Empírico, Contra los matemáticos VII 211–216). Una opinión sobre algo que aguarda confirmación, como una figura que se ve a lo lejos, es verdadera si recibe atestación (epimartýrēsis) y falsa si no la recibe. Una opinión sobre lo no evidente, como el vacío o los átomos, es verdadera si no recibe contraatestación (ouk antimartýrēsis) y falsa si la recibe (antimartýrēsis). Ejemplo: el vacío existe, porque si no existiera no habría movimiento, y el movimiento es evidente. La inexistencia del vacío queda contraatestada.

Portadores de verdad. Según Sexto (Contra los matemáticos VIII 13), los epicúreos ponían la verdad en las emisiones lingüísticas (phōnaí) y en las sensaciones, y rechazaban los contenidos incorporales (lektá) de los estoicos.

Futuros contingentes. Cicerón informa que Epicuro, para evitar el destino, no concedía que todo enunciado fuera verdadero o falso (De fato 21 y 37; Academica II 97). Sobre la disyunción «Hermarco vivirá mañana o no vivirá» se registran dos posiciones. Una niega que la disyunción sea verdadera, abandonando el tercio excluso. La otra la acepta como verdadera aunque ninguno de sus miembros sea verdadero ni falso. Bobzien lee esta segunda como anticipo del supervaluacionismo.

Inferencia por semejanza (Filodemo, Sobre los signos, papiro de Herculano 1065, que recoge enseñanzas de Zenón de Sidón). El debate es sobre la validez de las inferencias de signo, que van de lo evidente a lo no evidente:

Filodemo impone condiciones: los casos deben ser numerosos y variados; la semejanza debe ser pertinente y no accidental; debe revisarse que no haya ninguna instancia contraria. Una sola excepción bien atestiguada anula la inferencia. Es la teoría antigua más elaborada de la inducción y anticipa discusiones modernas sobre la uniformidad de la naturaleza.

Lo que falta: no hay teoría de la forma lógica, ni silogística, ni condicional definido por valores de verdad. La validez se reduce a un problema epistémico.

Genealogía

La canónica deriva de la dialéctica socrático-platónica por rechazo. Diógenes Laercio (X 31) dice que los epicúreos desechaban la dialéctica como superflua, porque bastaba que los físicos hablaran según las palabras de las cosas. No tiene descendientes directos en el catálogo: la teoría de Filodemo, conservada en un papiro carbonizado, se leyó solo desde la edición de Gomperz (1865), y la inducción moderna se desarrolló sin conocerla.

Contexto y relevancia

El Jardín polemizó durante siglos con la Estoa, cuya lógica era la más desarrollada de su tiempo. La canónica fue su respuesta: la verdad se funda en la percepción y no en la coherencia de los enunciados. El debate sobre los signos del siglo I a. C. es uno de los pocos debates antiguos en que se enfrentan dos criterios de validez explícitos: la conexión necesaria que se comprueba por eliminación y la regularidad observada. Para la pregunta «¿una lógica o muchas?», la escuela epicúrea ofrece dos datos: una posible restricción del tercio excluso motivada por razones metafísicas, y una disputa sobre qué cuenta como inferencia concluyente, que es la forma antigua de la oposición entre deducción e inducción.

Fuentes

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