| Autor(es) | Pirrón de Elis (c. 360–c. 270 a. C.); Enesidemo (s. I a. C.); Agripa (fecha incierta); Sexto Empírico (s. II–III d. C.) |
| Fecha / periodo | s. I a. C.–s. III d. C. · Helenística e imperial · tradición griega |
| Tipo | Informal |
| Deriva de | Silogística categórica o asertórica de Aristóteles · Lógica estoica |
| Derivan de ella | Lógica dialéctica (n.º 53) |
| Tres leyes | Identidad: no tematizado · No contradicción: matizado (se usa dialécticamente contra el dogmático; el escéptico no afirma ni \(A\) ni \(\neg A\)) · Tercio excluso: matizado (no se niega como tesis, pero se rehúsa elegir entre \(A\) y \(\neg A\); la fórmula de Pirrón rechaza también «ambos» y «ninguno») |
El pirronismo no es una lógica que proponga nuevas reglas de inferencia, sino un uso sistemático de la argumentación para no concluir. Su problema es el del criterio: si toda afirmación necesita justificación, ¿dónde se detiene la cadena? Su gesto distintivo es la equipolencia (isosthéneia): a todo argumento se le opone otro de igual fuerza, de modo que el juicio queda en suspenso (epochḗ) y de ahí sigue, según Sexto, la imperturbabilidad (ataraxía). Para ello el escéptico organiza su repertorio en «modos» (trópoi), esquemas generales de oposición, y dirige contra los lógicos dogmáticos, estoicos y peripatéticos, una crítica técnica de la demostración, el signo, el silogismo y la inducción.
Definición. Sexto define el escepticismo como «una capacidad de oponer apariencias y pensamientos de cualquier modo, por la cual, dada la equipolencia de los objetos y argumentos opuestos, llegamos primero a la suspensión y después a la imperturbabilidad» (Esbozos pirrónicos, en adelante PH, I 8). El principio rector es: «a todo argumento se opone un argumento igual» (PH I 12, I 202).
Los diez modos de Enesidemo (PH I 36–163). Muestran que un mismo objeto aparece de modo distinto según: (1) la diversidad de los animales; (2) la de los hombres; (3) la de los sentidos; (4) las circunstancias (salud, sueño, edad); (5) las posiciones, distancias y lugares; (6) las mezclas; (7) las cantidades y composiciones; (8) la relación (prós ti); (9) la frecuencia o rareza; (10) las costumbres, leyes y creencias. Todos tienen la misma forma: \(x\) aparece \(F\) en la condición \(c_1\) y no \(F\) en \(c_2\); no hay criterio no arbitrario para preferir una condición; luego se suspende el juicio sobre si \(x\) es \(F\) por naturaleza.
Los cinco modos de Agripa (PH I 164–177). Tres de ellos (regreso, hipótesis y círculo) forman el llamado trilema de Agripa contra toda justificación:
Sexto añade dos modos más generales (PH I 178–179) y los ocho modos de Enesidemo contra la explicación causal (PH I 180–186).
Crítica del silogismo. Contra el silogismo categórico: en «todo hombre es animal; Sócrates es hombre; luego Sócrates es animal», la premisa universal se establece por inducción a partir de los casos particulares, incluido Sócrates; luego presupone la conclusión y el argumento es circular (PH II 195–197). Añade que, si la conclusión se sigue, basta la premisa mayor y la menor es superflua.
Crítica de la inducción (PH II 204). O se examinan todos los casos particulares, que son infinitos, o solo algunos, y entonces alguno omitido puede contradecir lo universal.
Crítica del signo y de la demostración. Sexto distingue el signo conmemorativo (el humo que recuerda el fuego, observado antes junto a él), que acepta como guía de la vida, y el signo indicativo de los estoicos, que revelaría lo no evidente por naturaleza, y que rechaza (PH II 97–133). Examina el criterio de verdad del condicional estoico y recoge la discusión entre Filón y Diodoro para mostrar que no hay acuerdo sobre cuándo un condicional es sano (PH II 110–112). Concluye que la demostración (apódeixis) no puede establecerse sin un criterio disputado (PH II 134–192).
Las expresiones escépticas (PH I 187–209). «No más» (ou mállon), «no determino nada», «suspendo el juicio». No son tesis: expresan un estado. Se aplican también a sí mismas, como los purgantes que se expulsan con los humores que arrastran (PH I 206; II 188).
La fórmula de Pirrón. Según Timón, citado por Aristocles (en Eusebio, Preparación evangélica XIV 18), las cosas son indiferentes, inestables e indecidibles; por eso de cada una hay que decir que «no más es que no es, o es y no es, o ni es ni no es». La fórmula recorre las cuatro posiciones sobre una tesis y las rechaza todas.
Estatuto lógico. El escéptico usa la lógica de sus adversarios ad hominem: acepta sus premisas para mostrar que conducen a conclusiones opuestas. No propone un sistema alternativo. La equipolencia no es la verdad simultánea de \(A\) y \(\neg A\), sino la paridad de razones a favor de cada una. Lo que se pierde no es una regla, sino el derecho a afirmar.
El pirronismo recibe sus objetos de crítica de dos tradiciones. De Aristóteles toma el silogismo categórico, al que Sexto tacha de circular porque la premisa universal presupone la conclusión. De los estoicos toma la teoría de la demostración, el signo indicativo y el criterio de verdad: Enesidemo y, sobre todo, Sexto construyen su crítica contra ellos, y por eso Sexto es a la vez adversario y una de las fuentes principales de la lógica estoica.
La transmisión más importante es moderna. Hegel, en su ensayo sobre la relación del escepticismo con la filosofía (1802), antepone el escepticismo antiguo al moderno y lo integra como momento negativo de su dialéctica (Forster, 1989). Como afinidad atribuida, la fórmula tetralemática de Pirrón se ha comparado con el catuṣkoṭi indio; Flintoff (1980) y Beckwith (2015) proponen un origen indio, dado que Pirrón acompañó a Alejandro, mientras que Bett considera improbable ese préstamo.
El pirronismo se desarrolla frente a las escuelas dogmáticas helenísticas y frente a la Academia escéptica, a la que Enesidemo reprocha haber vuelto al dogmatismo. La recuperación de Sexto en el siglo XVI (traducciones latinas de 1562 y 1569) alimentó la crisis escéptica moderna, de Montaigne a Descartes y Hume. Su aporte a la pregunta «¿una lógica o muchas?» es indirecto pero profundo: el trilema de Agripa muestra que ninguna lógica puede justificarse sin circularidad, regreso o supuesto, y la discrepancia entre escuelas (estoicos contra peripatéticos, Filón contra Diodoro) es usada ya como argumento de que no hay acuerdo sobre qué inferencias son válidas.