Conversación: rel. Categorías aristotélicas y el ser (resumen) · rel. Aristóteles (resumen). Índice: documentos.
La doctrina de la ousía ha recibido críticas de cinco tipos, y casi todas apuntan a una misma pieza: el individuo como sujeto último, que no se dice de nada ni está en nada. La primera crítica procede del propio Aristóteles. En Metafísica Z traslada la primacía del individuo a la forma, niega que ningún universal sea sustancia y deja planteada una tríada inconsistente que los intérpretes siguen discutiendo. Plotino invirtió después la prioridad entre individuo y especie, y Porfirio lo neutralizó leyendo las Categorías como un tratado sobre el lenguaje acerca de lo sensible. Kant llamó “rapsódica” a la lista de categorías y convirtió la sustancia en una regla del entendimiento: lo que permanece en el tiempo. Trendelenburg y Benveniste sostuvieron que esa lista calca la gramática griega. Locke dejó el sustrato reducido a un “no sé qué” y Hume lo declaró una ficción de la imaginación. Frege y Russell atacaron la raíz lógica: si la forma básica del juicio es función-argumento y existen las relaciones, la sustancia como sujeto último de predicación pierde su función. Whitehead sustituyó las cosas por procesos. El hallazgo menos obvio es que la doctrina no ha muerto. En la filosofía analítica actual se discute con herramientas casi formales (qué cuantificador lleva la cláusula de “estar en”) y se ha reconstruido en ontologías neoaristotélicas (Loux, Lowe, Wiggins, Fine, Koslicki) que se presentan como tercera vía entre el sustrato desnudo de Locke y el haz de Hume. Si la doctrina parece enrevesada es en buena parte porque mezcla dos preguntas distintas: qué es el sujeto último de predicación y qué hace que algo sea lo que es. Casi todas las críticas consisten en separarlas.
Para un lector con formación en lógica, Categorías 2 se entiende mejor como la definición de dos relaciones binarias entre entidades. La primera es D(x, y): “x se dice de y”. Es la predicación esencial: caballo se dice de Bucéfalo, animal se dice de caballo. La segunda es E(x, y): “x está en y”. Es la inherencia, y Aristóteles la define como estar en algo “no como parte” y sin poder existir separado de aquello en que se está (1a24–25). Combinando la presencia o ausencia de ambas se obtiene una tabla de cuatro casillas. Aristóteles ilustra los cuatro casos con ejemplos: el hombre o el caballo individual ni se dicen de un sujeto ni están en él, y un conocimiento gramatical individual está en el alma sin decirse de ningún sujeto (Aristóteles, Categorías, trad. tipo Ackrill).
| No está en un sujeto (¬E) | Está en un sujeto (E) | |
|---|---|---|
| Se dice de un sujeto (D) | Sustancia universal: caballo, animal (sustancia segunda) | Accidente universal: blanco, conocimiento |
| No se dice de un sujeto (¬D) | Sustancia particular: Bucéfalo (sustancia primera) | Accidente particular: este blanco de Bucéfalo |
Categorías 5 toma la casilla ¬D ∧ ¬E como sustancia “en el sentido más propio, primero y más principal”: el hombre individual o el caballo individual (2a11–14). Todo lo demás se dice de las sustancias primeras o está en ellas, de modo que “si las sustancias primeras no existieran, sería imposible que existiera cualquiera de las otras cosas” (2b5–6) (Categorías). Las especies y los géneros, caballo y animal, son sustancias “segundas”: se dicen de Bucéfalo, pero no están en él como lo está su color. Las notas recogen otros rasgos de Cat. 5 que no pudieron verificarse en el texto: que la especie es “más sustancia” que el género, que la sustancia primera significa “un esto” (tode ti) y que la sustancia no tiene contrario pero recibe contrarios. Cuentan como referencia estándar, no comprobada en esta investigación.
La estructura es elegante y parece formalizable, pero tiene dos puntos débiles por los que han entrado casi todas las críticas posteriores. El primero es que la definición de E depende de una noción de “en” que queda sin definir, por lo que la mayoría de los intérpretes reconstruye las distinciones a partir de los ejemplos y no de la definición (SEP, “Aristotle’s Categories”). El segundo es que la primacía de Bucéfalo se define de forma puramente negativa, como lo que no es predicado de nada ni inhiere en nada. Eso dice qué papel ocupa en el lenguaje, pero no qué hace que Bucéfalo sea un caballo.
Metafísica Z se ocupa precisamente del segundo punto. Z.1 reduce la pregunta “¿qué es el ser?” a “¿qué es la sustancia?”. Z.3 examina cuatro candidatos: la esencia (to ti ên einai), el universal, el género y el sujeto (hypokeimenon). El criterio de Categorías, ser sujeto último, lleva a un resultado incómodo: si a Bucéfalo se le quitan todas sus determinaciones, lo que queda como sujeto último es la materia. Aristóteles la descarta porque carece de separabilidad y de “esto”, descarta también el compuesto por ser posterior y se queda con la forma, que califica de “la más aporética” (Cohen, An Outline of Metaphysics Z). A partir de ahí “primero” cambia de sentido. En Categorías era primero el sujeto de predicación, el individuo. En Z es primero lo que hace sustancia al individuo: Z.7 dice que la forma es la esencia de cada cosa y su sustancia primera (1032b1–2) (Cohen, “Inconsistency”), y Z.11 afirma que “el alma es la sustancia primera, el cuerpo materia, y hombre o animal el compuesto tomado universalmente” (Cohen, Outline).
La sustancia segunda de Categorías sale peor parada. Z.13 sostiene que “parece imposible que algo dicho universalmente sea sustancia” (1038b8–9), porque el universal es común a muchos y la sustancia es propia de cada cosa (Cohen, “Inconsistency”). Z.16 lo resume así: “nada común es sustancia” (Cohen, Outline). Caballo, que en Categorías era sustancia segunda, queda excluido. Y el problema no se limita a un cambio de opinión entre dos obras, porque surge un conflicto lógico dentro de Z. S. Marc Cohen lo formula como tríada: (1) ningún universal es sustancia; (2) la forma es universal; (3) la forma es sustancia. Las tres proposiciones no pueden ser verdaderas a la vez (Cohen, “Inconsistency”).
Cada escuela interpretativa resuelve la tríada negando o debilitando una de las premisas. Los particularistas niegan (2). Sostienen que cada individuo tiene su propia forma, de modo que el alma de Bucéfalo no es la misma que la de otro caballo. Defienden esta posición Sellars, Frede y Patzig, Irwin, Whiting y Witt, y se apoyan en Met. Λ 5, 1071a27–29, donde se dice que cada individuo tiene su propia forma (Martínez Sánchez, Daimon 79, 2020). Los universalistas mantienen que la forma es universal y debilitan el alcance de (1). Woods distingue “universal” de “dicho universalmente”. Code distingue dos tipos de predicación: la forma es universal respecto de la materia, pero es sustancia de aquello que informa. Albritton la considera universal solo en sentido relativo. Lesher y Sykes, en cambio, aceptan que la incompatibilidad es irreductible (Cohen, “Inconsistency”). Wedin (2000) propone un compatibilismo: el individuo de Categorías conserva la primacía ontológica y la forma de Z tiene primacía explicativa, porque explica por qué los individuos son sustancias. Con ello Bucéfalo deja de ser desplazado por la forma y pasa a ser lo que Z debe explicar (Bell, BMCR 2001.02.16). Mary Louise Gill considera muy plausible esta propuesta, pero cree que Z quizá es “aporético más que doctrinal” y que debe leerse junto con H y Θ (Gill, reseña de Wedin). Burnyeat, por el contrario, lee Z como un “mapa” de recorridos paralelos que, desde cada candidato, llegan por separado a la forma (Matthen, BMCR 2002.03.44). Para quien encuentre la doctrina enrevesada, esto tiene una consecuencia útil: la confusión no es solo del lector. El texto contiene una tensión real, y la discusión académica no ha llegado a un consenso sobre cómo resolverla.
La primera crítica externa importante es neoplatónica y ataca en dos direcciones. Hacia arriba, Plotino niega en Enéadas VI.1.2 que la ousía pueda ser un género común a lo inteligible y a lo sensible. Retoma así contra Aristóteles un argumento aristotélico y se apoya en las objeciones de Lucio y Nicóstrato que transmite Simplicio (BMCR 2004.06.43, reseña de Chiaradonna). Su queja principal es que las diez categorías no describen el mundo inteligible, que es lo que más propiamente es (Sorabji, resumen en hyperlogos). Hacia abajo, reduce la sustancia sensible a “un conglomerado de cualidades y materia” (VI.3.8.20), sin verdadera unidad esencial, y rechaza en la práctica el hilemorfismo (Chiaradonna, “Plotinus on Quality”). Si Bucéfalo es un agregado de cualidades, el tode ti de Cat. 5 se queda sin contenido.
El punto más claro es una inversión de Cat. 2b5–6. En un pasaje de VI.3 Plotino sostiene que “Hombre” confiere la humanidad a Sócrates, y no al revés. Según él, el individuo existe por participación, la particularidad no añade nada a la esencia, y lo más general es anterior por naturaleza, mientras que el individuo solo es anterior para nuestro conocimiento (Plotino, Enéadas VI.3, trad. MacKenna). En el caso de Bucéfalo, sería caballo lo que hace a Bucéfalo, y no al revés. Las notas indican que la numeración exacta del pasaje, probablemente VI.3.9, no pudo confirmarse en el texto griego.
Porfirio respondió reduciendo el alcance de la doctrina en lugar de defenderla entera. Leyó las Categorías como un tratado sobre palabras en cuanto significan cosas, aplicadas en primer lugar a lo perceptible (In Cat. 58,3–6; 91,14–27). Según Simplicio, con eso resolvió las objeciones de Plotino (Sorabji). Dexipo insistió en que el libro estaba pensado para principiantes y en que Plotino había malinterpretado su tema. Jámblico propuso una lectura “intelectiva” que extendía las categorías a lo inteligible en otro sentido (Sorabji). El resultado fue el reparto neoplatónico: Aristóteles para lo sensible y Platón para lo inteligible (BMCR 2004.06.43). La primacía de Bucéfalo se mantenía, pero solo como primacía en el modo de hablar sobre lo sensible. La Isagoge (hacia 268–270) dejó además abierta la pregunta de si géneros y especies subsisten o están solo en el pensamiento, que Porfirio consideró “profundísima”. De ella parte, a través de Boecio, la querella medieval de los universales, y la obra se usó como manual de lógica durante al menos un milenio (Wikipedia, “Isagoge”). La crítica neoplatónica, por tanto, no eliminó la sustancia segunda: hizo de su estatuto ontológico el problema central de la filosofía medieval. La cadena concreta del árbol de Porfirio (sustancia, cuerpo, animado, animal, racional, hombre, Sócrates) es la versión de los manuales y las notas no la verificaron en fuente.
Kant adopta el término “categoría” de Aristóteles, pero le reprocha haber reunido las categorías sin principio, de modo “rapsódico” (KrV A81/B107), y propone a cambio derivarlas sistemáticamente de la tabla de los juicios (ontology.co, bibliografía anotada). El reproche general está confirmado por fuentes secundarias. El texto literal no lo está: que Aristóteles “las recogió según se le presentaban” y que su lista mezcla modos de la sensibilidad (quando, ubi, situs) y un concepto empírico (motus) con conceptos del entendimiento son reconstrucciones de memoria que las notas no pudieron cotejar con la Akademie-Ausgabe. Lo que importa para la ousía es la redefinición, que tiene tres niveles. El concepto puro de sustancia es “algo que solo puede pensarse como sujeto, nunca como predicado de otra cosa” (A147/B186). El esquema es “la permanencia de lo real en el tiempo” (A143/B183). La Primera Analogía establece que “en todo cambio de los fenómenos la sustancia permanece, y su quantum en la naturaleza ni aumenta ni disminuye” (B224) (MIT OCW 24.201, notas “Substance”). Las mismas notas advierten de que la paginación del primer pasaje varía según la edición.
El concepto puro reproduce casi literalmente la casilla ¬D de Categorías 5. La diferencia es el alcance: para Kant, sin el esquema temporal ese concepto no designa ningún objeto. La sustancia deja de ser el tipo supremo de lo que hay y pasa a ser una condición de la experiencia posible, correlato de la forma del juicio categórico. Según Hamilton, los predicamentos aristotélicos serían “objetivos” (las cosas en cuanto entendidas) y los kantianos “subjetivos” (la mente en cuanto entiende) (wehd.com, entrada “Category”). Hay también una réplica conocida: como Kant tampoco ofrece un verdadero principio de deducción, el reproche de falta de deducción “se vuelve contra él” (PhilPapers, “The lack of a deduction”).
Según Raspa, el debate del siglo XIX sobre las categorías fue “en gran parte una reacción” a Kant, y se desarrolló dentro de su marco conceptual (Raspa 2025, PhilArchive). Trendelenburg (1833, ampliado en 1846) buscó el principio que Kant echaba en falta en la estructura del enunciado. Las categorías saldrían de descomponer la oración, y por eso la lista conserva huellas gramaticales, como el tode ti de carácter pronominal de la sustancia. Aun así, Trendelenburg admitía que Aristóteles había pasado de las formas lingüísticas a los contenidos de las nociones (ontology.co). Benveniste (1958; PLG I, pp. 63–74) llevó la tesis más lejos al hacer corresponder cada categoría con una clase formal del griego: ousia con el sustantivo, cantidad y cualidad con adjetivos pronominales, hacer y padecer con la voz activa y la pasiva. Su conclusión fue que la tabla “nos informa, ante todo, sobre la estructura de clases de una lengua particular” (Silva y Chaves-Tannús 2017). En esta lectura, la primacía de Bucéfalo sería en el fondo la primacía del nombre-sujeto en la oración griega.
Las réplicas siguieron tres caminos. Bonitz (1853) y Brentano (1862) defendieron que las categorías dividen los sentidos del ser y no son clases gramaticales (Pérez de Laborda, Acta Philosophica 1997; Raspa 2020, PhilArchive). Vuillemin aceptó la división en seis categorías nominales y cuatro verbales como prueba de que la tabla no es rapsódica, pero negó que refleje la lengua. Touratier dio la réplica más contundente: fue la gramática griega posterior la que tomó sus categorías de la lógica aristotélica, de modo que la correspondencia que encuentra Benveniste es circular (ontology.co). Thivel añadió que la tesis no se sostiene si se compara con el sánscrito y el chino (misma fuente). La crítica de Derrida a Benveniste (“Le supplément de copule”, 1971), según la cual el lingüista presupone el concepto filosófico de categoría que pretende explicar, está documentada en las notas solo como referencia de memoria, sin verificar.
La crítica empirista trata la sustancia como un problema de conocimiento y no de lógica. Locke conserva el sustrato, pero lo deja sin contenido conocido. Cuando examinamos la noción de sustancia pura, solo encontramos “la suposición de no se sabe qué soporte” de las cualidades (Essay II.xxiii.2), y no tenemos “idea clara o distinta” de ese soporte (II.xxiii.4). Locke compara además la palabra “sustancia” con el elefante y la tortuga que un filósofo indio puso bajo el mundo: “la palabra sustancia lo habría resuelto igual de bien” (II.xiii.19) (Millican 2015). Ante Stillingfleet negó haber “casi descartado la sustancia”, y Millican lo lee como alguien que considera necesario un sustrato aunque ignoremos su naturaleza (misma fuente). La fórmula canónica “something, I know not what” no se cotejó con la edición Nidditch: Millican transcribe la variante “he knows not what”.
Hume da el paso siguiente: si no hay impresión, no hay idea. La idea de sustancia no puede venir de la sensación, porque entonces sería un color o un sabor, ni de la reflexión, que solo ofrece pasiones. Por tanto no es más que “una colección de cualidades particulares” a la que se da un nombre (T 1.1.6) (Mattey, notas a T 1.1.6). En T 1.4.3 la crítica se dirige expresamente contra los peripatéticos: la imaginación “finge algo desconocido e invisible” para explicar la identidad a través del cambio, y cree que las cualidades necesitan “un sujeto de inhesión” (Hume, T 1.4.3). Es una genealogía psicológica de la relación E. En T 1.4.6 el yo corre la misma suerte: es “un haz o colección de percepciones diferentes”, y la identidad de la mente es “solo ficticia” (Hume, T 1.4.6).
Hay que precisar a quién se dirige esta crítica. El sustrato de Locke no coincide con Bucéfalo: se parece más a la materia que Z.3 descartaba como candidata. Aun así, la crítica alcanza a Aristóteles por dos lados. T 1.4.3 ataca directamente las formas sustanciales. Y la tesis del haz es exactamente la posición que Plotino había defendido para lo sensible: un conglomerado de cualidades. El empirista llega por otro camino al mismo diagnóstico que el neoplatónico, aunque saca la conclusión contraria: para Hume no existe ninguna realidad superior que pueda sustituir a la sustancia.
Para un lógico, esta es probablemente la crítica más clara. Frege elimina sujeto y predicado de la forma lógica: “una distinción de sujeto y predicado no tiene cabida en mi modo de representar un juicio” (Begriffsschrift §3). “Los griegos derrotaron a los persas en Platea” y su versión pasiva tienen el mismo contenido conceptual. Lo que la notación analiza es la división en función y argumento (§9), que además depende de cómo se mire el contenido y no del contenido mismo (Frege, Begriffsschrift, trad.). Si “Bucéfalo” puede ocupar el lugar de argumento en una fórmula y “caballo” el de función en la misma fórmula, sin que eso tenga consecuencias ontológicas, la asimetría D/¬D pierde su base lógica.
Russell convierte esta observación en diagnóstico histórico. En su libro sobre Leibniz (1900) aísla la premisa “toda proposición tiene sujeto y predicado” y muestra que de ella sale la definición de sustancia individual como sujeto de muchos predicados que no se predica de ningún otro, que es la casilla ¬D de Categorías. Sostiene que “debemos admitir, en algunos casos, relaciones entre sujetos” (Russell, Critical Exposition of the Philosophy of Leibniz). En 1914 añade que la lógica tradicional “es incapaz de admitir la realidad de las relaciones”, que con ella “solo puede haber un sujeto, el Absoluto”, y que el “respeto por Aristóteles” impidió a Leibniz desarrollar una lógica de relaciones (Russell, Our Knowledge of the External World). El argumento es de tipo reductio. Si toda verdad es atribución de un predicado a un sujeto, “Bucéfalo es más rápido que Rocinante” tiene que reducirse a propiedades monádicas de cada caballo. Las únicas salidas son las mónadas sin ventanas de Leibniz o el monismo de Bradley. Con la lógica de relaciones de Peirce, Frege y Peano, la sustancia deja de ser una necesidad lógica. Las notas no recuperaron los pasajes de Principles of Mathematics (1903) ni de “The Philosophy of Logical Atomism” (1918) donde Russell trataría la sustancia como ficción gramatical, así que esas referencias quedan sin fuente.
Wittgenstein hace algo más interesante que eliminar la palabra: le cambia el sentido. En el Tractatus, “los objetos forman la sustancia del mundo” y por eso son simples (2.021). La sustancia es “lo que existe independientemente de lo que es el caso” (2.024), y “es forma y contenido” (2.025). El argumento de 2.0211–2.0212 es trascendental: si el mundo no tuviera sustancia, que una proposición tuviera sentido dependería de que otra fuera verdadera, y sería imposible formar una figura del mundo (Wittgenstein, TLP, trad. Ogden). La pareja sustancia/accidente se sustituye por objeto/configuración: “lo fijo, lo existente y el objeto son uno”; “la configuración es lo cambiante, lo variable” (2.027–2.0271). La proposición “solo puede decir cómo es una cosa, no qué es” (3.221), y “objeto” es un pseudoconcepto que se expresa con una variable (4.1272) (misma fuente). Aalto lo resume así: la sustancia proporciona los componentes de todos los hechos posibles sin determinar cuáles se dan (Aalto, ALWS 2003). Burgos concluye que los objetos tractarianos no son los particulares de la tradición (Burgos, Crítica 1968). Proops lee la noción en relación con la tradición kantiana (Proops, PhilArchive). Las notas no encontraron ningún estudio que compare la sustancia tractariana con Categorías o Z. La comparación que sigue es, por tanto, inferencia y no tesis con fuente. El Tractatus invierte la primacía aristotélica, porque el mundo es la totalidad de los hechos y no de las cosas (1.1). Conserva de la sustancia la simplicidad, la permanencia y la independencia, pero renuncia a lo que hacía de Bucéfalo una sustancia, que era ser el portador de predicados. Los objetos tractarianos son pura forma combinatoria. En términos aristotélicos, Wittgenstein se queda con la permanencia y abandona el papel de sujeto.
Whitehead une las críticas lógica y gramatical en una metafísica alternativa. “Toda la filosofía moderna gira en torno a la dificultad de describir el mundo en términos de sujeto y predicado”. La lógica aristotélica “impuso al pensamiento metafísico las categorías que derivan naturalmente de su fraseología”. Su principio de relatividad universal “atraviesa directamente el dictum de Aristóteles” de que la sustancia no está presente en un sujeto. Su blanco preciso es “la doctrina metafísica sin fundamento de la ‘permanencia indiferenciada’”, la idea de una materia continua con atributos permanentes (Felt, “Whitehead’s Misconception of ‘Substance’ in Aristotle”). En lugar de Bucéfalo como cosa que permanece mientras le cambian los accidentes, propone una sucesión de ocasiones actuales cada una de las cuales está constituida por sus relaciones con las demás. Es decir, todo está en todo, y la relación E se generaliza hasta que ya no distingue nada. Hay que señalar dos cosas. Felt atribuye a Whitehead el diagnóstico de una “concreción mal ubicada” en la imagen sustancia-cualidad, pero la fuente primaria de la expresión (Science and the Modern World, 1925) no se verificó, y las páginas de Process and Reality que da Felt tienen doble paginación sin etiquetar. Además, el propio título de Felt indica que, para él, Whitehead atacaba una versión cartesiana de la sustancia más que la de Aristóteles. Es una objeción importante: buena parte de las críticas modernas apuntan a la “sustancia que perdura sin cambio” y no a la ousía de Z, que es forma, actividad y principio de organización.
La filosofía analítica de la Antigüedad ha recuperado una discusión casi técnica sobre la relación E. El problema es qué significa “este blanco”. La lectura tradicional (Ackrill 1963) entiende que x está en y cuando x no puede existir separado de ese y. Así, la blancura de Bucéfalo es un particular que no puede compartirse y queda individuado por Bucéfalo (Cohen, “In a Subject”). Owen (1965) solo exige que x no pueda existir sin estar en alguna sustancia. Para él, lo que está en Bucéfalo sin decirse de él es un universal accidental de máxima especificidad, un matiz concreto de color (su ejemplo es “vink”, un tono de rosa), y en ese caso la división D/¬D deja de coincidir con la división universal/particular (SEP; Cronin 2015). Frede (1978) adopta una posición próxima a la de Owen (Cohen, “In a Subject”). Matthews y Cohen (1968) responden que un matiz es universal y que la cualidad individual tiene que ser un “trozo” particular de color. Reconocen a la vez el coste de su propuesta: en el habla ordinaria las cosas comparten el mismo color, y sus cualidades unitarias no pueden hacerlo (Matthews y Cohen 1968). Granger (1980) y Wedin (2000) defienden versiones refinadas de la lectura tradicional (Granger 1980; Bell, BMCR).
En notación modal la diferencia se ve enseguida. La formalización es nuestra, no de las fuentes: Ackrill lee ∃y □(x existe → y existe), con un sujeto fijo, y Owen lee □(x existe → ∃y E(x, y)), con un sujeto cualquiera. El desacuerdo se reduce a si el cuantificador existencial queda dentro o fuera del operador modal, y de esa elección depende si la sustancia primera individúa sus accidentes o solo los sostiene. La SEP señala que la tesis de Owen generó muchísima atención académica y no da un veredicto (SEP). Corkum (2008) desplaza el problema hacia la noción de dependencia. Según la lectura estándar, la independencia de la sustancia es la capacidad de existir por sí misma, y eso choca con la asimetría que Aristóteles quiere establecer. Corkum propone entenderla como posesión independiente de un estatus ontológico (Corkum, Phronesis 2008). Con ello el debate enlaza con la metafísica contemporánea de la fundamentación (grounding). Los trabajos más recientes se ocupan de la relación D: Shapiro (2023) sostiene que “A se dice de B” si y solo si A es parte formal de B, y Grafton-Cardwell (2021) distingue entre predicación directa y mediada (SEP). La tesis del focal meaning de Owen sigue siendo la referencia sobre la unidad del ser. Según ella, “ser” se dice primariamente de la sustancia y de lo demás por referencia (pros hen) a ella, y eso hace posible una ciencia del ser en cuanto ser (Γ 2). Ferejohn y Berti la han criticado (Kriterion 2021).
Los neoaristotélicos contestan directamente a Locke, Hume y Russell negando que haya que elegir entre sustrato y haz. Loux resume las objeciones a cada alternativa. Al haz: el cambio parecería destruir el objeto, todos los atributos resultarían esenciales y se seguiría la identidad de los indiscernibles, que refutan dos esferas exactamente iguales. Al sustrato: nunca se experimenta, un portador de atributos sin atributos es contradictorio (Sellars) y sustratos indiscernibles no explican su distinción numérica. La salida aristotélica es que el particular es primitivo y su clase, un universal sortal que no se reduce a propiedades, le da esencia, individuación y condiciones de persistencia. Bucéfalo nunca está “desnudo”, porque es esencialmente un caballo, y tampoco es un haz, porque su color es accidental (Pessoa Jr., resumen de Loux 2002). La sustancia segunda, que Z.13 había excluido, vuelve aquí como pieza central. Lowe reconstruye la tabla de cuatro casillas como su “Cuadrado Ontológico” de objetos, modos, atributos y clases, y la remonta expresamente a Categorías (Wasserman, NDPR 2006). Si se compara el cuadrado con la tabla del principio (inferencia de las notas), Lowe adopta en metafísica la lectura de Ackrill: sus modos ocupan el lugar de “este blanco”. Wiggins hace del “¿qué es?” aristotélico un principio de la identidad: si a = b, hay un sortal f tal que a es el mismo f que b (Weatherson, NDPR 2002). Fine y Koslicki hacen de la forma una parte mereológica del todo (Koslicki, “Towards a Neo-Aristotelian Mereology”; Bader, reseña de Koslicki 2008). Esto revisa a Aristóteles más que defenderlo, porque Z.17 problematizaba precisamente que la forma fuera un elemento más junto a las partes materiales. Las críticas a estas propuestas son concretas: la dependencia sortal de Wiggins no cubre los objetos cotidianos que no caen bajo ningún sortal, y Koslicki necesitaría una teoría positiva de las clases para evitar la vaguedad óntica (mismas reseñas).
Visto en conjunto, el recorrido muestra que la doctrina estaba construida para responder a dos preguntas que no tienen la misma respuesta. Categorías responde a “¿qué es lo último de lo que se habla?”, y la respuesta es Bucéfalo. Z responde a “¿qué hace que Bucéfalo sea lo que es?”, y la respuesta es la forma. Las críticas se reparten casi exactamente según esa línea. Frege, Russell, Trendelenburg, Benveniste y Whitehead atacan la primera pregunta: muestran que el privilegio del sujeto es un artefacto de una forma lógica o gramatical que no es obligatoria. Plotino, Hume y la tríada de Z atacan la segunda: o la esencia está por encima del individuo, o no hay nada además de las cualidades, o la forma no puede ser a la vez universal y sustancia. La respuesta neoaristotélica es interesante porque renuncia a defender la primera pregunta y lo apuesta todo a la segunda. Acepta la lógica de predicados y la de relaciones, y sostiene que la noción de clase o especie sigue siendo indispensable para la identidad y la persistencia. Paradójicamente, lo que mejor ha resistido es la sustancia segunda, la pieza que el propio Aristóteles parecía abandonar en Z.13.
Para un lector formado en lógica, la lección práctica es que no conviene buscar en la doctrina un sistema axiomático coherente que no se entiende. Es mejor leerla como una ontología cuyas relaciones primitivas (D, E, “separable”, “esto”) nunca se definieron con suficiente precisión, de modo que cada escuela las ha completado a su manera. El desacuerdo entre Ackrill y Owen sobre el alcance de un cuantificador modal, después de veinticuatro siglos, muestra cuánto queda sin decidir en el propio texto. La afinidad entre la sustancia tractariana (lo fijo frente a la configuración) y la Primera Analogía de Kant (lo permanente frente a sus determinaciones) indica además que la permanencia ha sobrevivido como requisito trascendental incluso en los autores que rechazaron la sustancia como sujeto. Las notas no documentan esa afinidad y debe tomarse como hipótesis.
Las notas de investigación marcan como no verificadas las siguientes afirmaciones. En el informe aparecen señaladas o se omiten, y no deben citarse como si tuvieran fuente.
| Afirmación | Estado |
|---|---|
| Cat. 5: la especie es “más sustancia” que el género (2b7–8); tode ti frente a “un cuál” (3b10–21); la sustancia no tiene contrario (3b24–4a21) | Referencia estándar, no cotejada con el texto |
| Numeración VI.3.9 del pasaje plotiniano Sócrates/Hombre | Probable, no confirmada en griego |
| Cadena del árbol de Porfirio (sustancia → … → Sócrates) | Versión de manual, sin fuente en las notas |
| Texto literal de Kant A81/B107 (“las recogió según se le presentaban”, quando, ubi, situs, motus) y Prolegómenos §39 | De memoria; solo está confirmado el reproche general de “rapsodia” |
| Derrida, “Le supplément de copule” (1971), y su argumento contra Benveniste | De memoria, sin verificar |
| Ackrill: derivación de las categorías a partir de preguntas (“¿qué?”, “¿cuánto?”…); Kahn y Moravcsik | De memoria, sin fuente |
| Vía “deductiva” de Brentano desde los modos de relación con la ousía | Solo está confirmado el marco general |
| Fórmula literal de Locke “something, I know not what” | Millican transcribe “he knows not what” |
| Frege, “Funktion und Begriff” (1891), y el prefacio de la Begriffsschrift | Sin fuente en las notas |
| Russell, Principles of Mathematics §§212–216 y Logical Atomism (1918) sobre la sustancia; Russell tardío y los “haces de cualidades compresentes” (1940, 1948) | Sin fuente en las notas |
| “Falacia de la concreción mal ubicada” en Science and the Modern World; paginación de Process and Reality | Solo a través de Felt; sin fuente primaria |
| Comparación explícita de la sustancia tractariana con Categorías o Z | No se encontró ningún estudio; la comparación del informe es inferencia |
| Posición intermedia de Devereux (1992) sobre la inherencia; libro de Gill (1989) | Sin verificar |