Siempre la misma y persistente pregunta:
¿para qué?
La puta pregunta otra vez.
El “para” presupone la finalidad. Aristoteles ya hablaba de causa
final.
Pero claro eso presupone un plan, algo preestablecido por un Dios en
cierto modo.
Hacemos como si y actuamos.
Por que sino hay plan no podemos hablar de finalidad.
¿Sino se cumple la finalidad que pasa?
¿Ya no era tal?
¿Sólo era un deseo? ¿una hipótesis de lo que puede suceder?
En definitiva no es nada. Nunca he creído en la finalidad, en los
objetivos.
Pero claro los marcamos para hacer algo aunque sepamos que sólo son
lineas posibles del tiempo.
El mundo es sucio y caótico.
El tiempo algo mutante, la causalidad es más una madeja insondable de
posibilidades que algo lineal.
La matemática y la ciencias simplificaron para poder comprender algo
el universo.
La causalidad y el tiempo clásicos.
Pero ya sabemos que el caos late en las ecuaciones.
Que el caos y la suciedad del mundo no se pueden controlar del todo.
(¿Os suena lo del virus?)
Así pues la pregunta de ¿para que hacer esto o aquello?
Se responde fácilmente.
Hacer lo que sea para recorrer la madeja del tiempo y los
acontecimientos.
Y asumir lo que venga.