Los monjes se distancian del mundo para acercarse a Dios.
Para acercarse a ellos mismos.

Todo es distante, irreal.

¿Alguna vez nos vimos en persona?

Si, lo recordamos claro.
Pero ya sólo es un recuerdo que se deforma, que se erosiona.

¿Nos volveremos a ver?
Seguramente.

Ya nada será igual.
En cierto modo será más fácil.
Todo se simplifica.

Podremos separar lo esencial de lo accesorio.
Esperemos saber aprovecharlo.