<Correcion agosto 2018>
1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.
2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo
vanidad.
3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana
debajo del sol?
4 Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre
permanece.
5 Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde
torna á nacer.
6 El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de
continuo, y á sus giros torna el viento de nuevo.
7 Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde
los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo.
8 Todas las cosas andan en trabajo mas que el hombre pueda decir: ni los
ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.
9 ¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho?
Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.
10 ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fué en los
siglos que nos han precedido.
11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá
habrá memoria en los que serán después.
12 Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem.
13 Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que
se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de
los hombres, en que se ocupen.
14 Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo
ello es vanidad y aflicción de espíritu.
15 Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.
16 Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y
he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en
Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y
ciencia.
17 Y dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las
locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de
espíritu.
18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade
ciencia, añade dolor.
https://es.wikisource.org/wiki/Biblia_Reina-Valera_1909
Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo
vanidad!
¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el
sol?
Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre
permanece.
Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a
salir.
Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira
sigue el viento y vuelve el viento a girar.
Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los
ríos van, allá vuelven a fluir.
Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo
de ver ni el oído de oír.
Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo
el sol.
Si algo hay de que se diga: “Mira, eso sí que es nuevo”, aun eso ya
sucedía en los siglos que nos precedieron.
No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará
memoria en los que después vendrán.
Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén.
He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto
acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos
para que en él se ocuparan!
He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y
atrapar vientos.
Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.
Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que
la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado
mucha sabiduría y ciencia.
He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la
locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar
vientos,
pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia,
acumula dolor.
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