Ayer al regresar a casa pasé por la zona de putas. En fin.
¿Y que decir?
Se reclama que se conviertan en profesión. Bién de acuerdo.
Lo que me fascina es la diferencia de hecho que se da entre vender tu cuerpo y tu mente o espíritu.
Al fin y al cabo no nos prostituimos todos por un plato de lentejas. No vendemos nuesto tiempo, inteligencia y espíritu en tareas poco dignas cuando no claramente inmoral. ¿pues si no es por la inmoralidad porque se trata de la prostitución y porque continua siendo marginal?
He intentado porque esa diferencia entre vender la mente y el cuerpo. Porque está bién visto lo primero y mal lo segundo. Supongo debe tener hondas raices culturales y se debe relacionar con el desprecio del cuerpo. Lo verdadero del hombre es su espiritu.
Pero ahí surge la paradoja: si sometes tu espiritu bién si es tu cuerpo puta.