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La mecánica cuántica (MC), tomada como formalismo desnudo (espacio de Hilbert, evolución unitaria, regla de Born), no dicta por sí sola una ontología. Lo que llamamos “interpretaciones” son, en muchos casos, teorías físicas distintas (Bohm, GRW) o marcos semánticos distintos (QBism, RQM, historias consistentes). El desacuerdo ontológico no es residuo de ignorancia sino consecuencia del problema de la medición: el trilema de Maudlin (1995) muestra que no pueden sostenerse a la vez (i) que ψ es completa, (ii) que la evolución es siempre unitaria, y (iii) que las mediciones tienen resultados únicos. Cada interpretación paga por un cuerno distinto, y ese pago es su compromiso ontológico.
Harrigan y Spekkens (“Einstein, incompleteness, and the epistemic view of quantum states”, Found. Phys. 2010) formalizaron la distinción dentro del marco de modelos ontológicos (heredero de Bell): se postula un espacio de estados ónticos Λ; una preparación cuántica |ψ⟩ induce una distribución de probabilidad μ_ψ(λ) sobre Λ; una medición induce probabilidades de respuesta ξ(k|λ). La regla de Born debe recuperarse promediando sobre λ.
Un matiz importante, y disputado: la definición es puramente formal y no coincide con el uso informal de “epistémico”. Oldofredi y López (“On the Classification Between ψ-Ontic and ψ-Epistemic Ontological Models”, Found. Phys. 2020) y Hance, Rarity y Ladyman han argumentado que la taxonomía es exhaustiva pero no informativa: clasifica como ψ-ónticos modelos que sus propios autores no consideran realistas sobre ψ (p. ej., la interpretación estadística de Ballentine, según discuten Weatherall y coautores).
Implicaciones ontológicas. Si ψ es óntica, entonces la superposición macroscópica es un hecho físico y hay que decidir qué hacer con ella: multiplicar mundos (Everett), colapsarla dinámicamente (GRW/CSL), o complementarla con variables adicionales (Bohm). Si ψ es epistémica, la superposición es ignorancia y el “colapso” es mera actualización bayesiana —no hay problema de la medición, pero hay que decir qué es λ, y ahí aparecen los teoremas no-go.
Un tercer casillero, no cubierto por Harrigan–Spekkens: ψ como grado de creencia personal de un agente, no como ignorancia sobre un λ objetivo. Es la posición del QBism. Aquí no hay solapamiento de distribuciones sobre Λ porque no hay Λ. El modelo de juguete de Spekkens (2007), con su “principio de balance de conocimiento”, ilustra en cambio la versión genuinamente epistémica (hay λ, hay ignorancia) y reproduce sorprendentemente muchos fenómenos cuánticos —interferencia, no-clonación, teleportación— sin ψ óntica.
Don Howard (“Who Invented the Copenhagen Interpretation? A Study in Mythology”, Phil. Sci. 2004) y Kristian Camilleri (“Constructing the Myth of the Copenhagen Interpretation”, 2009) sostienen —y esto es hoy consenso historiográfico mayoritario— que “la interpretación de Copenhague” como bloque unitario es una construcción de los años 50, atribuible sobre todo a Heisenberg, que amalgamó posiciones incompatibles.
Compromiso: ψ es óntica y la linealidad de Schrödinger es falsa. Se modifica la dinámica.
Ontología primitiva, un punto que los propios proponentes discuten:
Objeciones estándar: (i) el problema de las colas —el colapso nunca es exacto, queda amplitud residual; Albert y Loewer plantearon la “anomalía del conteo”, y Wallace y McQueen han catalogado varias versiones distintas del problema; (ii) no conservación de la energía (mitigada en modelos disipativos); (iii) tensión con la relatividad para GRWm y CSL; (iv) las cotas experimentales (LISA Pathfinder, experimentos subterráneos con germanio, interferometría de nanopartículas) han excluido regiones amplias del espacio de parámetros, y en particular presionan fuertemente el modelo de Diósi–Penrose sin regularización.
Compromiso: hay partículas con posiciones definidas en todo momento —la ontología primitiva— más ψ, que evoluciona por Schrödinger y guía las partículas por la ecuación guía. La distribución |ψ|² es preservada (equivarianza) y se justifica vía la hipótesis de equilibrio cuántico (Dürr, Goldstein, Zanghì 1992).
El estatuto de ψ es el punto ontológico caliente. Dürr, Goldstein y Zanghì defienden la lectura nomológica: la función de onda universal no es un objeto material sino algo ley-como, más análoga a un hamiltoniano que a un campo (apoyándose en que la ecuación de Wheeler–DeWitt es atemporal). Alternativas: ψ como campo físico en 3N dimensiones (Albert), como propiedad holística disposicional (Belot, Esfeld), o su eliminación total (Sole, “Bohmian mechanics without wave function ontology”; Norsen y la “teoría de las ondas condicionales”).
Objeciones: (i) no-localidad explícita e incompatibilidad con la invariancia Lorentz sin una foliación preferida (los propios bohmianos suelen aceptar una foliación dada por una ley adicional); (ii) las “ramas vacías”: Deutsch, y Brown y Wallace (“Solving the measurement problem: de Broglie–Bohm loses out to Everett”, 2005), acusan a Bohm de ser “Everett en negación” —si las ramas sin partículas son igual de reales, las partículas son un “marcador” ocioso; los bohmianos responden que solo la configuración de partículas es materia y las ramas vacías no son nada; (iii) trayectorias “surrealistas” (Englert, Scully, Süssmann, Walther 1992), rebatidas por Dürr et al. y matizadas por experimentos de medición débil.
Compromiso: solo hay ψ, y evoluciona siempre unitariamente. No hay colapso, no hay variables ocultas. Los “mundos” son estructuras emergentes, no postuladas.
Everett (1957) formuló la teoría de estados relativos; DeWitt (1970) la popularizó como mundos que se escinden —lectura que el propio Everett anotó despectivamente en sus papeles. La versión contemporánea dominante es la de Saunders, Wallace y Deutsch (Oxford): los mundos son “estructuras cuasiclásicas dinámicamente aisladas” que emergen por decoherencia, con un realismo estructural funcionalista (criterio de Dennett para patrones reales). La obra de referencia es Wallace, The Emergent Multiverse (OUP 2012).
Objeciones:
Compromiso (Fuchs, Schack, Mermin; ver SEP: “Quantum-Bayesian and Pragmatist Views of Quantum Theory”): ψ no es un elemento de la realidad ni información sobre un λ; es un grado de creencia personal de un agente sobre sus futuras experiencias. La regla de Born no es una ley de la naturaleza sino una norma de coherencia que relaciona credencias (la “urgleichung”, formulada con SIC-POVMs). Consecuencias: no hay problema de la medición (el “colapso” es actualización bayesiana), no hay no-localidad (las correlaciones conciernen a experiencias de un solo agente en un lugar), y el resultado de una medición es una experiencia creada en la interacción, no revelada.
Fuchs llama a esto “realismo participativo” (“On Participatory Realism”, arXiv:1601.04360). Mermin ha desarrollado el “CBism”, anclando la física en la experiencia del ahora. Lo real para el QBista: no ψ, sino el mundo que resiste y responde a la acción del agente —una ontología deliberadamente delgada y programáticamente incompleta.
Objeciones: instrumentalismo encubierto; déficit explicativo (Timpson, Brown, Norsen: no explica por qué ocurren los fenómenos); acusación de solipsismo (rechazada: los agentes se comunican, y la comunicación es a su vez experiencia); y la queja de que un realismo que no dice nada sobre el mundo microscópico abandona la ambición de la física.
Compromiso (Rovelli 1996; SEP: “Relational Quantum Mechanics”): no hay estados absolutos ni valores observador-independientes. Las variables físicas toman valores solo en la interacción y relativamente al sistema con el que interactúan; cualquier sistema físico puede ser “observador”. La ontología es de eventos relacionales, escasa y sin sustancia: no hay estado cuántico del universo. ψ es una herramienta de cálculo, análoga a la función de Hamilton–Jacobi.
Desarrollos y objeciones: el postulado del “Cross-Perspective Link” (Adlam y Rovelli 2022) intenta rescatar la intersubjetividad —la medición del puntero de un sistema revela fielmente el resultado que ese sistema registró antes—, pero su lectura fuerte reintroduce hechos absolutos, lo cual es disputado. Dorato objeta que RQM no explica por qué los eventos se actualizan en las interacciones; Brown señala un “problema de determinación”; Laudisa niega que RQM logre la localidad que reclama; Pienaar y otros han presentado teoremas no-go sobre la compatibilidad de valores relativos con actualización de eventos. Candiotto y otros proponen el realismo estructural óntico como su mejor marco metafísico.
Compromiso: sin colapso, pero los sistemas poseen propiedades definidas más allá de las autovalorizadas. Se distingue el estado dinámico (lo posible, evoluciona unitariamente) del estado de valor (lo actual). Variantes: van Fraassen (1972-91, la matriz “Copenhague”), la de descomposición biortogonal (Kochen 1985; Dieks 1988), la espectral (Vermaas y Dieks 1995), la de Bub, y la dinámica de Bacciagaluppi y Dickson.
Objeciones: problemas de composición/descomposición de propiedades; el no-go de Bacciagaluppi (1995), que deriva una contradicción tipo Kochen–Specker si se exige independencia de la factorización; fallos ante mediciones no ideales; e incompatibilidad relativista (Dickson y Clifton 1998; Myrvold). Las versiones recientes son perspectivistas (Bene y Dieks 2002), acercándose a RQM.
Compromiso (Griffiths 1984; Omnès; Gell-Mann y Hartle): la ontología son historias —secuencias temporales de proyectores— definidas dentro de un marco (framework). La regla del marco único prohíbe combinar marcos incompatibles. Griffiths abandona explícitamente la “unicidad” (un único estado de cosas verdadero) en favor de la “pluricidad”: hay múltiples descripciones verdaderas mutuamente inconmensurables. No hay variables ocultas ni colapso; la medición es un proceso físico ordinario.
Objeciones: Dowker y Kent (1996) mostraron la proliferación masiva de familias consistentes y argumentaron que la retrodicción se vuelve inservible (dado un presente cuasiclásico, existen familias consistentes con pasados arbitrariamente no clásicos). Kent señaló además “inferencias contrarias” en conjuntos consistentes distintos; Griffiths respondió que la regla del marco único las bloquea, lo que sus críticos ven como circular. Bassi y Ghirardi presentaron objeciones análogas.
Healey (The Quantum Revolution in Philosophy, OUP 2017): los estados cuánticos no describen la realidad física; son prescriptivos —dan consejo objetivamente bueno sobre qué credencias adoptar acerca de afirmaciones sobre magnitudes. Es no-representacionalista pero no antirrealista: los sistemas físicos y sus magnitudes son reales; lo que se niega es que ψ los represente. Se distingue del QBism en que la asignación de estado es objetivamente correcta o incorrecta dada una situación física relativa a un agente. Friederich desarrolla una variante “terapéutica” basada en reglas constitutivas.
El eje metateórico: Einstein distinguió teorías de principio (axiomas fenomenológicos, como la termodinámica o la relatividad especial) y constructivas (modelos de mecanismos subyacentes). Bub y Pitowsky (“Two dogmas about quantum mechanics”, 2010), siguiendo a Clifton, Bub y Halvorson (2003), leen la MC como teoría de principio: axiomas informacionales (no señalización, no difusión de bits, imposibilidad de compromiso de bit incondicionalmente seguro) que caracterizan una estructura de probabilidades no booleana; el problema de la medición sería un pseudoproblema. Wallace, Timpson y otros objetan que una teoría de principio es una invitación a la explicación constructiva, no un sustituto de ella —es exactamente lo que Einstein pensaba de la relatividad especial. Debate abierto y disputado.
Allori, Goldstein, Tumulka y Zanghì (“On the Common Structure of Bohmian Mechanics and the GRW Theory”, BJPS 2008) proponen un esquema: toda teoría física fundamental adecuada debe especificar una ontología primitiva —“la materia de la que están hechas las cosas”— distribuida en el espacio tridimensional ordinario, más una ley que la gobierne, en la que ψ desempeña un papel nomológico, no material.
Menú de ontologías primitivas:
Argumento central: sin local beables (Bell) en el espacio tridimensional, no se puede tender el puente entre una ontología en 3N dimensiones y el comportamiento de agujas de aparatos en 3 dimensiones. Nótese que GRWm y GRWf son empíricamente equivalentes pero ontológicamente muy distintos —lo cual es a la vez la virtud del programa (separa ontología de predicción) y su punto vulnerable (subdeterminación).
Objeciones: Ney y otros niegan que una teoría adecuada exija ontología primitiva (véase el debate en Philosophy of Science, “Does an Adequate Physical Theory Demand a Primitive Ontology?”); se acusa al programa de petición de principio metafísica (privilegiar el espacio 3D por familiaridad); y la ontología de flashes es extraordinariamente escasa —Maudlin ha señalado que en un mundo GRWf apenas hay “materia” entre flashes.
Albert (“Elementary Quantum Metaphysics”, 1996) y Ney (The World in the Wave Function, OUP 2021): ψ es un campo físico sobre un espacio de 3N dimensiones con la estructura de un espacio de configuración, y ese espacio es el espacio fundamental. El espacio tridimensional de la experiencia es emergente/derivado. La motivación es tomar el formalismo literalmente y explicar el entrelazamiento sin holismo misterioso: en 3N dimensiones, todo es separable y local.
El problema del objeto macroscópico: ¿cómo emergen mesas y agujas de un campo en un espacio abstracto de altísima dimensión? Albert y Ney apelan a un funcionalismo: los objetos tridimensionales son roles funcionales dentro de la dinámica del campo (la estructura del hamiltoniano privilegia una descomposición 3D).
Objeciones: Maudlin y Monton juzgan el espacio de configuración demasiado abstracto para fundamentar lo concreto y acusan a la posición de invertir el orden explicativo; Allori objeta desde la ontología primitiva; y la crítica más técnica —de Wallace, Myrvold y Chen— es que en teoría cuántica de campos el número de partículas es indefinido, de modo que no hay un 3N fijo y el espacio de configuración pierde su motivación.
Wallace y Timpson (“Quantum Mechanics on Spacetime I: Spacetime State Realism”, BJPS 2010): la alternativa everettiana. Se asigna a cada región del espaciotiempo un operador de estado (densidad reducida); la ontología vive sobre el espaciotiempo ordinario, no en 3N dimensiones. Se preserva la separabilidad espaciotemporal débil pero se abandona la supervenencia de los estados globales sobre los locales (el estado global contiene más que la colección de estados reducidos). Es funcionalista y compatible con la TCC.
Objeciones: que las densidades reducidas mezclan hechos genuinos con artefactos de la traza parcial; y la dificultad de fijar la factorización preferida en subsistemas espaciales.
Motivación cuántica (SEP: “Structural Realism”): dos hechos empujan hacia la estructura. (i) Las partículas idénticas y la invariancia bajo permutaciones: los cuantones carecen de propiedades intrínsecas que los distingan, y la individualidad se vuelve metafísicamente subdeterminada —French y Redhead, Redhead y Teller. (ii) El entrelazamiento: las relaciones no supervienen sobre propiedades monádicas de los relata.
Variantes:
Objeciones estándar: la principal es la ontológica —no puede haber relaciones sin relata: una relación exige términos relacionados (Chakravartty, Psillos, Busch, Cao). Respuestas de los REO: las relaciones podrían ser universales no instanciados, o los relata ser a su vez estructuras (“estructuras hasta el fondo”). Se objeta también que “estructura” se usa de forma ambigua entre estructura matemática y física, y que sin relata la estructura corre el riesgo de colapsar en platonismo matemático (una acusación que Ladyman y Ross rechazan).
¿Hay propiedades intrínsecas? El entrelazamiento presiona en contra. Distinguir con Howard y Einstein: separabilidad de estado (el estado del compuesto superviene sobre los estados de las partes) frente a separabilidad espaciotemporal (todo proceso en una región superviene sobre propiedades intrínsecas cualitativas asignadas a puntos de esa región). La MC viola la primera de manera manifiesta.
Conviene separar holismo ontológico (hay entidades no analizables en partes básicas) de holismo de propiedades (la composición es estándar, pero hay propiedades no supervenientes). La segunda tesis es la que la MC apoya con más fuerza; la primera es disputada.
¿Hay objetos individuales? La subdeterminación metafísica de French y Redhead —el formalismo es compatible tanto con partículas como individuos con estadísticas restringidas cuanto con no-individuos— es precisamente el argumento que Ladyman convierte en motivación para el REO. La respuesta rival de Saunders (discernibilidad débil) preserva objetos sin propiedades intrínsecas distintivas.
El corte transversal decisivo no es “realismo vs. antirrealismo” sino qué se toma como fundamental: ψ (Everett, Albert), ψ + materia local (Bohm, GRWm/f), ninguna de las dos (RQM, QBism, Healey), o la estructura relacional misma (REO). Y una observación de fondo: cuanto más se conserva de la ontología clásica (partículas con posiciones, un mundo único), más se paga en no-localidad y tensión relativista; cuanto más se paga en extravagancia ontológica (multiverso, espacio 3N), más limpia queda la compatibilidad con la relatividad.
Enciclopedia Stanford de Filosofía
Artículos y libros
Nota metodológica. Se han marcado como disputado: (i) la lectura de Bohr como realista contextual frente a la de Beller, (ii) la lectura fuerte del Cross-Perspective Link en RQM, (iii) la adecuación descriptiva de la taxonomía Harrigan–Spekkens, (iv) la suficiencia de la MC como teoría de principio, y (v) el holismo ontológico frente al de propiedades. No se atribuye a Bohr el postulado de colapso ni a Everett la escisión literal de mundos, por las razones historiográficas indicadas.